2K, la generación que se hace mayor con la crisis

https://saltamos.net/2k-la-generacion-que-se-hace-mayor-con-la-crisis/En la mochila cargan con el peso de una crisis que les acompaña casi desde que dieron sus primeros pasos. Llevan también el móvil, cómo no. Han nacido en el siglo XXI y son la primera generación que crece mientras ve a Pablo Iglesias por televisión.

Texto: Jose Durán Rodríguez
Imagen: Arte de El Salto

A principios de marzo, el colectivo Juventud Sin Futuro anunció su despedida, el cese de las actividades que desarrollaba como grupo de agitación política y denuncia de las condiciones de vida impuestas a quienes tienen todo por delante y por hacer.

Su tarjeta de presentación el 7 abril de 2011 —el lema ‘Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo. Recuperando nuestro futuro. Esto es solo el principio’ encabezaba la manifestación con la que ese día salieron a la calle— resumía de manera clara las frustraciones compartidas e incubadas durante años por millones de jóvenes a quienes les habían estallado en las manos todas las promesas de un régimen que supuestamente garantizaba el acceso a una vida digna a cambio de aceptar el modelo —estudia, trabaja, vota y compra piso— que se les presentaba como ideal. Pero desde 2007 la diferencia entre ese patrón y lo que les pasaba cada día se había ido agrandando hasta alcanzar dimensiones abismales.

La calle —en sentido literal y figurado— se convirtió en espacio de encuentro y puesta en común de problemas y soluciones, también preparada, discutida y amplificada por las redes sociales. Juventud Sin Futuro estuvo ahí, participó en lo que se llamaría movimiento de los indignados, posteriormente 15M, y sus campañas ayudaron a visibilizar la ausencia de horizonte que ha obligado a emigrar a miles de jóvenes.

Tras el adiós, hubo voces que señalaron, no sin sorna, que el punto final del colectivo obedece a que algunas de las cabezas visibles de Juventud Sin Futuro ya tienen el suyo resuelto, al haber accedido a cargos públicos en ayuntamientos y parlamentos autonómicos. En su comunicado final, sin embargo, JSF subrayaba que “miles de jóvenes de todo el país siguen sufriendo la precariedad laboral, siguen encadenando becas por trabajo, siguen sin poder acceder a una vivienda, siguen sin poder acceder a la universidad, siguen haciendo la maleta y dejando atrás su vida para buscar esa oportunidad que aquí no tienen”.

Es momento, pues, de acercarse al presente de esa juventud posterior a la que clamaba que no tenía futuro y que puede ser ya la segunda obligada a asumir unas expectativas vitales peores que las de sus progenitores.

Qué esperan, qué les disgusta, a qué aspiran quienes han nacido a partir del año 2000, que vivieron una primera infancia sin la crisis instalada en su habitación —hasta que tiró la puerta abajo— o que no han conocido más realidad que ella, que no participaron del ciclo de movilizaciones del 15M —los mayores apenas habían soplado once velas— y que combinan las clases del instituto con la presencia continua en televisión y redes sociales del secretario general de un partido también joven, Podemos.

A finales de 2016, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), vivían en España casi ocho millones de personas nacidas desde 2000

A finales de 2016, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), vivían en España casi ocho millones de personas nacidas desde 2000. ¿Se puede hablar de una generación o es más correcto mencionarlas en plural, habida cuenta de las diferencias de clase y género, entre otras? ¿Generación Z, criada en un mundo con conexión permanente a internet? ¿Generación 2018, cuando sus miembros más antiguos alcancen la mayoría de edad legal?

Son las 17:30 de un sábado del mes de abril. En el andén de la estación de metro de Quintana (Madrid), un grupo de chicas y chicos de unos 13 años espera. Ríen, toman algo parecido al mate y se mueven al son de una canción melosa y romántica, con una voz muy tratada, que alborota desde un móvil. ¿Generación autotune? También podría ser.

Irene, María y Yara nacieron en el año 2000. Viven en La Cabrera, un municipio de la sierra norte de Madrid en el que residen unas 2.500 personas. Allí disfrutan de la tranquilidad ausente en la gran ciudad pero lamentan la falta de oferta de ocio y la distancia. En el instituto colaboran en el periódico anual del centro.

¿Seríais las mismas si vivierais en otro sitio?

Yara: No seríamos las mismas, ¡claro que influye un montón! La gente de Madrid de nuestra edad es muy diferente a nosotras, se nota cuando ves a un grupo de chicas, desde el vestir, la forma de hablar, de comunicarse.

Irene: Depende del dinero. En el pueblo no nos preocupamos tanto por nuestra forma de vestir o cómo nos vean los demás, pero aquí es todo muy importante.

María: Seríamos muy diferentes. En Madrid se busca más la apariencia, por lo que conocemos. Por ejemplo, si no llevas unas zapatillas de marca te van a mirar mal. En el pueblo tampoco puedes vestir como quieras, es un ambiente más cerrado y te van a criticar. Influye tanto para bien como para mal.

Carles Feixa, catedrático de Antropología Social en la Universidad de Lleida y autor de De la generación @ a la #generación (NED Ediciones, 2014), considera que deben darse al menos tres condiciones para que se pueda hablar de generación: un acontecimiento que impacta en toda la sociedad actuando como parteaguas entre un antes y un después en la conciencia colectiva, pero que influye de manera distinta en función del momento vital en que se encuentren los protagonistas y de su edad; cierta idea de pertenencia a una generación, y unos procesos materiales de creación de nuevos agentes sociales en la fase juvenil.

Feixa explica a El Salto que en esta juventud posterior al 15M sí existen algunos rasgos convergentes, como la sobretitulación académica, la precariedad laboral como condición vital, el alargamiento del periodo de dependencia juvenil, la postergación de la fecundidad, una cierta repolitización o la integración en una cultura digital de segunda hornada —la web social—, que él denomina generación hashtag.

“No hay que confundir generación y cohorte”, apunta Josune Aguinaga, profesora de Sociología en la UNED y coordinadora del monográfico sobre jóvenes e identidades publicado por el Instituto de la Juventud en marzo de 2016. Una cohorte son quienes han nacido en el mismo año, mientras que una generación no comienza ni termina de repente. “La pertenencia, o no, a una generación viene determinada por otras variables socioculturales, geográficas, de hábitat —rural o urbano— y, por supuesto, por la clase social”, especifica.

Para Juan María González-Anleo, autor de Generación selfie (PPC, 2015), hay indicios simbólicos que permiten empezar a hablar de una nueva generación, “y quizás esto sea más importante que lo que detectan las estadísticas”, precisa.

Este profesor señala que lo que caracteriza a la adolescencia de nuestros días es el entorno en el que está creciendo: “Esa nueva generación simbólica es la generación de la crisis en la que aún estamos o en la que ellos sin duda están y seguirán estando mucho tiempo. László Andor, comisario europeo de Empleo y Asuntos Sociales, dijo en una entrevista que no podíamos hablar del final de la crisis con niveles tan altos de paro. Si esto es cierto, lo es tres veces más en el caso de los jóvenes”.

En su opinión, la crisis que define a esta nueva generación —”no la crisis de los más ricos, ni la de la que hablan los medios, sino la suya, en la que viven”— se viene gestando desde antes de 2008 y ha tenido como peor consecuencia la asunción de circunstancias que deberían ser inaceptables: “Desde los años 80 estamos viendo como normal que los chicos se queden en casa de sus padres hasta los 30 porque pagar un piso les condenaría a la miseria. Desde principios de siglo hablábamos de mileurismo y nos acabamos acostumbrando, ahora estamos en el miseurismo, y nos acostumbraremos”. Bienvenido, hijo, a la realidad.

Según las ediciones V y VI del Informe de aplicación de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas, presentado por el Ministerio de Sanidad en mayo de 2016, la tasa de menores de 18 años en riesgo de pobreza o exclusión (el índice AROPE) creció en 2,5 puntos entre 2010 y 2014, llegando al 35%.

El indicador agregado relativo al porcentaje de niños, niñas y adolescentes que viven en hogares con muy baja intensidad en el empleo fue el que evolucionó más negativamente durante ese periodo, partiendo del 9,1% en 2010 y alcanzando el 14,2% en 2014, tres puntos más que el de la población general.

El 28,6% de las menores de 16 años y el 29,2% de los menores se encontraban en situación de riesgo de pobreza a finales de 2016

Más reciente, la última encuesta del INE sobre condiciones de vida mostraba que el 28,6% de las menores de 16 años y el 29,2% de los menores se encontraban en esa situación de riesgo de pobreza a finales de 2016.

“Cuando nace la cohorte del año 2000 se encuentra en el mejor de los mundos posibles —recuerda Aguinaga—, y a los ocho años muchos se ven afectados por la pobreza que golpea a sus padres de una forma brutal, así que es de esperar que las salidas que encuentren para su futuro vayan por las vías tecnológicas”.

Rares tiene 16 años y Nerea 15. Él nació en Rumanía, pero la mayoría de sus recuerdos son fotos del mismo barrio de Madrid en el que se ha criado ella. Ambos cursan 4º de la ESO en un instituto público en Vallecas y saben lo que es crecer en medio del derrumbe. “Llegas un día a casa y tus padres te dicen: ‘No, hoy no hay dinero’, o tus amigos te cuentan que en sus casas no hay dinero”, dice Nerea mientras Rares puntualiza que “la crisis se nota en los últimos años a mediados de mes, cuando ya no puedes hacer muchas cosas porque no hay dinero hasta principios del mes siguiente”.

La experiencia les ha otorgado un conocimiento diferente al que se adquiere leyendo ensayos o viendo telediarios, como destilan las palabras de ella: “No es lo mismo una persona que vive en el barrio de Salamanca que alguien que vive en Vallecas, que todo el rato ve gente a la que desahucian, que vive en la calle. Ya no es gente que no conozcas, son amigos que te dicen que van a desahuciar a sus padres. En el barrio de Salamanca lo ven por la tele”.

Junto a la crisis, el otro suceso que marca a quienes hoy son adolescentes ha cumplido seis años este mes de mayo. Feixa opina que el 15M reúne todas las características de lo que autores como José Ortega y Gasset y Karl Mannheim denominaron acontecimiento generacional. Su influencia sobre quienes han nacido después del año 2000 tiene un peso muy relevante, valora, “no solo por haber crecido viendo a Pablo Iglesias —y a Albert Rivera— en la tele, sino sobre todo porque los códigos para interpretar lo que ellos dicen se han modificado”.

¿Cómo vivisteis el 15M?

María: Mi madre fue, pero yo no me acuerdo de nada. Yo le decía que no fuera a las manifestaciones, a ver si le iba a pasar algo (risas). Pero hace poco hemos ido a manifestaciones y no pasa nada.

Irene: Yo no lo viví, no me acuerdo de nada.

Yara: Yo me acuerdo de verlo por la tele, pero no lo recuerdo claramente porque era muy pequeñita.

La escritora Carolina León reconoce que el 15M la transformó a ella y también a sus dos hijas adolescentes, que entonces tenían cinco y diez años. “Nuestras conversaciones y formas de relacionarnos —recuerda— han estado atravesadas por las realidades que entraban desde la calle. Desde siempre vivíamos con poco dinero, pero después del 15M adquirimos otra mirada, para ir juntas a las manifestaciones, por ejemplo”. León ha volcado parte de sus experiencias en el libro Trincheras permanentes, que la editorial Pepitas de Calabaza publica este mes.

“Lo más complicado de criar a dos chicas en estas edades —admite— es no creerte que les vas a salvar la vida. Cuando ellas empiezan a ser sujetos y te das cuenta de que, además de ti, tienen otro montón de cosas e influencias, tanto en la cercanía como en lo digital, te percatas de que no las vas a salvar de nada, ellas saben más que tú de muchas cosas”. Carecer de respuestas, vivir en una cuerda floja permanente y no saber hasta qué punto se la traspasa a sus hijas son preocupaciones constantes para León, quien no cree que puedan independizarse a la edad que lo hizo ella, con 19 años.

El momento de reunión de las tres, afirma, es la cena, “cuando por fin nos sentamos juntas y charlamos un rato. Por mucho que nos guste ver series o hacer otras movidas, intentamos sentarnos a cenar. Luego, ya cada una otra vez a su pantalla”.

¿Podríais vivir sin móvil?

Irene: Sería muy complicado. A veces se te pierde o rompe, estás una semana sin móvil y parece que te falta algo, como que no puedes salir a la calle sin el móvil, no vas a saber qué le pasa a la gente, qué ocurre si me pasa algo cuando bajo a tirar la basura (risas). Sientes esa necesidad que nos han puesto de estar comunicada siempre. Ahora se habla más por WhatsApp o Telegram que por la vida real.

María: No podría, no por el hecho del aparato sino por la comunicación, por poder saber de otras personas. No solo hablo con mis amigos de cuatro chorradas sino que hablo con mis abuelos, por ejemplo. El móvil nos está dando muchas herramientas pero también nos está quitando comunicación cara a cara que antes tenía la gente. Pero es que en la sociedad ahora mismo está todo el mundo con el móvil. Es inevitable.

Yara: Estamos super-enganchados todos con el móvil, especialmente a nuestra edad.

Nerea: No podría vivir sin móvil. Hacemos todo con el móvil: jugar, escuchar música, ver series, hacer los deberes, comunicarnos…

Rares: Es que realmente tienes gran parte de tu vida dirigida hacia el móvil.

 

Circuito Panes de Autor 2017

http://pequeñospanaderosafines.com/circuito-panes-de-autor-2017-2/

¡El #circuitopanesdeautor2017 ya está aquí! Comienza su andadura la semana del 22 al 28 de mayo, después de muchos días de darle vueltas, muchas vueltas. Y es que este año va a tener un carácter muy peculiar porque no hemos ido de uno en uno diseñando cada pan, sino que hemos decidido que sea un trabajo a dúo. ¿Por qué? Porque trabajar de dos en dos se nos antojaba todo un desafío que nos llevaría a diseñar un conjunto de panes aún más sugerentes. Y, bueno, creemos que lo hemos conseguido. Cada semana, hasta el 9 de julio, seréis vosotros los que juzgaréis si hemos cumplido el reto.

De momento, aquí os dejamos un aperitivo en forma de lista de los panes que saldrán de nuestros hornos semana a semana. Bon apetit!

Para seguir los pasos de estos fugaces panes de autor, nada mejor que tener presente el calendario que hemos elaborado con los cuandos y los dondes de cada uno de estos siete panes. también estaréis al día siguiéndonos en redes sociales o buscando nuestro hashtag #circuitopanedeautor2017.  Os invitamos también a que lo uséis al subir vuestras fotos con nuestros panes. ¡Nos encantará verlas!