El consumo desde lo colectivo

http://www.soberaniaalimentaria.info/numeros-publicados/58-numero-27/401-el-consumo-desde-lo-colectivo

Lectura en clave de sostenibilidad

Marian Simón Rojo

Formar parte de iniciativas agroecológicas como grupos de consumo autogestionados y huertos comunitarios induce cambios en los modos de vida, los patrones de consumo y la dieta. Quienes entran a participar, lo hacen siendo conscientes, al menos parcialmente, de los problemas sociales y ambientales asociados a los sistemas de alimentación global. Implicarse en proyectos de alterconsumismo y huertos comunitarios refuerza esa conciencia, la amplía a otros campos y les permite sentirse partícipes de la construcción de alternativas desde lo colectivo.  Mas-del-Rotgle-CS-Agusti-Hernandez

Mas del Rotgle, Castelló. Foto: Agustí Hernàndez la-llecua-cs

La Llécua, Castelló. Foto: Agustí Hernàndez

La alimentación se está convirtiendo en un potente vector de transformación social. O eso parece desprenderse del contenido de un creciente número de publicaciones y declaraciones que ensalzan el potencial de las redes alimentarias alternativas y de la agricultura urbana para conseguir ciudades y territorios más resilientes y que anuncian a su vez la configuración de una nueva geografía urbana y rural en torno a sistemas agroalimentarios emergentes. Como dice Mamen Cuéllar, «Se trata de una suerte de nuevo activismo desde la cotidianidad que participa en la construcción de una hegemonía alternativa».

Se suele escuchar que involucrarse en estas iniciativas induce cambios en la dieta y hace que adoptemos estilos de vida y hábitos de consumo menos insostenibles. Es una afirmación basada sobre todo en percepciones personales, sin que por el momento haya suficientes datos y estudios que la corroboren. Hacer visible esa correlación, sustentándola con datos, reforzaría los argumentos de los movimientos sociales, que reclaman apoyo para este tipo de iniciativas y que intentan introducir la agroecología y la soberanía alimentaria en la agenda política.

BUSCANDO RESPUESTAS

Formar parte de un proyecto agroecológico o de un grupo de consumo, ¿influye en el estilo de vida?

Con esa inquietud en la cabeza, desde Surcos Urbanos realizamos un estudio en 2015 para descubrir si formar parte de un proyecto agroecológico o de un grupo de consumo influye en el estilo de vida. Se confeccionó un cuestionario con preguntas sobre dieta y hábitos de consumo (ingesta de carne, productos de temporada y compra en tiendas de barrio), participación en actividades (creación o refuerzo de lazos comunitarios) y voluntad de reducir la desigualdad (atención prestada a las condiciones laborales de quienes cultivan y producen).

El cuestionario fue enviado por correo electrónico a redes y grupos organizados. Nos centramos en tres tipos de proyectos:

• Cooperativas integrales que abarcan producción, distribución y consumo, y son iniciativas de agricultura apoyada por la comunidad. La autogestión es un tema clave y normalmente adoptan estructuras horizontales y asamblearias. Tanto las decisiones como los problemas y los riesgos se comparten entre todas.

• Grupos de consumo, autogestionados según principios de solidaridad social y sostenibilidad ambiental, sin ánimo de lucro y no comerciales. Se organizan para comprar directamente. Aunque algunos de sus participantes lo sean por puro pragmatismo, para conseguir productos ecológicos a mejores precios, lo normal es que entre sus motivaciones figure el apoyo a productores y productoras.

• Huertos comunitarios gestionados colectivamente. En la mayoría de los casos se trata de iniciativas generadas por grupos de base en solares o espacios abandonados de la ciudad. La producción de alimentos es relativamente escasa y de autoconsumo, pero son espacios de aprendizaje y socialización.

Durante dos meses se mantuvo el cuestionario abierto y recibimos más de 250 respuestas de todo el Estado, un 54 % desde el área metropolitana de Madrid. La mitad de las respuestas (53 %) corresponde a personas implicadas en grupos de consumo, un 12 % en huertos comunitarios o cooperativas integrales y el 34 % participan en ambos tipos de proyectos. La mayoría (43 %) llevan entre 1 y 3 años en el proyecto y un 36 % entre 3 y 10 años, mientras que en torno al 10 % llevan menos de 1 año o más de 10 años.

REDUCIR LA HUELLA ECOLÓGICA DE LA ALIMENTACIÓN

Los resultados son contundentes: participar en una de estas iniciativas de alterconsumismo o de huertos induce cambios en los hábitos de compra de alimentos; el 84 % de los participantes han aumentado su consumo de productos de temporada y un 60 % compra más en tiendas de barrio. También se ve un efecto claro en la dieta: el 15 % ya eran vegetarianos, pero otro 60 % indica que participar en estas iniciativas les ha llevado a reducir su ingesta de carne (y con ello reducen la presión sobre los recursos naturales, suelo, agua, etc.). Especialmente quienes se abastecen a partir del sistema de cestas fijas (sin pedidos individualizados) acaban comiendo más verduras y más diversas, con «variedades hortícolas que desconocíamos o no comprábamos por desconocer su forma de preparación». También es una vía de educación para «salirnos del berenjena-tomate-pimiento-calabacín 365 días al año. Eso no es sostenible desde luego, aunque lleve la etiqueta “eco”, “integrado”, “biodinámico”, etc.».

El propio funcionamiento de los grupos permite reducir notablemente el empleo de envases y la generación de residuos. Y eso se traslada a otras compras «intentando evitar productos con envasado excesivo y plásticos».

Hay otros aspectos, como las pautas de movilidad, que son más complicados de cambiar: solo un 29 % ha reducido su uso del coche privado. Si se suma esta cifra al 20 % que nunca lo usaba ya antes de unirse al proyecto, el cuadro resulta más optimista.

AMPLIAR LA TOMA DE CONCIENCIA

Varias respuestas, todas procedentes de personas de cooperativas integrales, expresamente se refieren a ellas como oportunidades para «construir conscientemente espacios de relación e intercambio al margen de las reglas del mercado». De una manera más general, sirven para ampliar la toma de conciencia sobre los problemas de desigualdad que acarrea el sistema alimentario globalizado: el 68 % dice que desde que forman parte de uno de estos colectivos de alimentación alternativa o de un huerto, tiene en cuenta las condiciones laborales de quienes producen los alimentos (otro 26 % ya lo tenía en cuenta antes).

De las respuestas se desprende que participar en estas iniciativas ha cambiado la actitud hacia la comida y quienes la cultivan: «Valoro mucho más lo que como, aprovecho mejor la comida, sé lo que cuesta que la tierra te dé alimento», «Utilizo mejor la comida, ahora no hay desperdicio en casa» y aprecian «compartir y colaborar con los productores de la zona, poniéndolos en valor».

APRENDIZAJE Y REFUERZO EN COLECTIVO

Se puede hacer un recorrido de los cambios que se generan, desde la escala de barrio hasta el ámbito más interior de la satisfacción personal. De acuerdo con el estudio, este tipo de iniciativas refuerza «la sensación de pertenencia» y las redes comunitarias de barrio… o del territorio: «Nos ha hecho implicarnos y empatizar con muchísimos proyectos que están generándose en la isla». Es probable que quienes responden a la encuesta sean precisamente las personas más comprometidas y activas; tal vez eso ayude a explicar que prácticamente todas las respuestas hablan en positivo con relación a la vida de barrio: el 59 % participa más en actividades locales y otro 39 % ya era muy activo antes de incorporarse al proyecto.

Formar parte de un grupo es un método de aprendizaje y reflexión en comunidad. Si algo destaca sobre todo lo demás, es el componente colectivo de las iniciativas, algo que aprecian especialmente y que les permite sentirse «parte de una construcción y transformación social». El espacio colectivo «refuerza el compromiso político y ecologista que ya tenía» y compartir experiencias facilita que esa conciencia alterconsumista se haya «extendido a otros campos de nuestra vida como cuestiones relacionadas con la ropa o los juguetes».

Y no menos importante, son múltiples las respuestas que destacan el efecto sobre el bienestar interior: «Nos ha aportado también más felicidad, más risas, más enriquecimiento personal, ir más tranquilos» y dicen vivir más felices por sentirse «partícipes de un cambio», por «el compartir personal y un acompañamiento humano y cercano». Como sintetiza uno de los participantes: «Quizá no sea revolucionario, o no vaya a cambiar el mundo, pero entre tanto participar en colectivo de un grupo de consumo responsable nos une, nos forma, teje red social y nos da momentos de felicidad».

¿IR MÁS ALLÁ DE «LOS DE SIEMPRE»?

Asomarse a una asamblea de cooperativa o a un día de reparto deja ver, dentro de la diversidad, que sus participantes comparten rasgos reconocibles (lenguaje, actitud e incluso estética), pero ¿qué dicen los datos?, ¿se puede identificar un «actor sociopolítico» detrás de estos proyectos? Desde un punto de vista meramente cuantitativo, y de acuerdo con las respuestas, son proyectos apoyados por las clases medias con alto nivel educativo (más del 80 % tienen estudios universitarios). Aunque las condiciones laborales son cada vez más precarias, todavía un porcentaje nada desdeñable (45 %) tiene trabajo estable.

Son mayoría las respuestas de mujeres (65 %). Teniendo en cuenta que (sorprendentemente) apenas hay hogares unipersonales, parece que ellas son más proclives a sumarse a estas iniciativas o tal vez persista un sesgo por género y todavía son mujeres quienes llevan la carga de los cuidados en el hogar, incluso en entornos «alternativos».

Más allá de estos datos, parece que con carácter general, a estas iniciativas «se apuntan personas ya sensibilizadas con los temas de consumo y ecología». Aunque luego los intereses puedan ampliarse, la concienciación previa es esencial: «Mi consumo no es más responsable por hacerme de un grupo de consumo, he buscado y encontrado un grupo de consumo por querer mantener un consumo responsable».

Sus participantes añaden a la concienciación una notable dosis de compromiso, ya que formar parte de estos proyectos, que tienen un componente importante de autogestión, exige una dedicación considerable de energía y tiempo, pues parte del trabajo es asumido entre todas (sobre todo tareas de distribución y organización). Como se ha visto, sin duda es enriquecedor compartir tareas y tiempo «con otros vecinos y amigos permitiendo una mayor socialización e integración en el barrio». Pero el balance entre esfuerzo, trabajo, dedicación, precio y cantidad de comida obtenida no siempre está claro y hace que algunos proyectos sean en la práctica ejercicios de activismo político solo asumibles por personas muy motivadas. Incluso con un nivel alto de concienciación, a veces se hace inviable la participación «me acabó resultando insostenible en lo personal y en lo familiar, por falta de tiempo para asistir como los demás y aprovechar plenamente los productos, etc.»

Es decir, por sus características (nivel de compromiso, dedicación, horarios limitados de reparto, etc.) son opciones para una minoría, difícilmente extrapolables a toda la población. Eso hace que, aunque casi todos los proyectos y redes alimentarias alternativas hayan emergido desde los movimientos sociales, se escuchen cada vez más voces que plantean la necesidad de que los gobiernos locales reaccionen y las promuevan, para lograr un mayor impacto. Una demanda que no se libra de las críticas, pues también se acusa a las redes alimentarias alternativas de ser objeto de interés de las clases medias y medias-altas. Más allá de esa crítica, queda en el aire la duda de cómo sería posible promoverlas y favorecer una transición agroecológica de los sistemas alimentarios sin perder el carácter holístico en que la alimentación es parte de un proceso de transformación integral, algo que sí consiguen estas alternativas alterconsumistas, cuando son experiencias desde lo colectivo que van más allá de «comer ecológico».

Marian Simón Rojo

Surcos Urbanos

https://surcosurbanos.wordpress.com

NOTA: La autora agradece su apoyo a quienes generosamente respondieron a la encuesta, y muy especialmente a quienes se hicieron eco y difundieron el llamamiento en sus colectivos y territorios. Solo podemos ponerle nombre a una pequeña parte: Fiorella, en Granada; Glenda, en Sevilla, Pablo Llobera, de la Red de huertos de Madrid; Franco, de TERRAE; Jon, del SaS; José Daniel, de la RAC, y un buen puñado de compas del BAH!

Vivir de forma alternativa: 14 Casas okupa alrededor del mundo

https://www.habitissimo.es/ideas/vivir-de-forma-alternativa-14-casas-okupa-alrededor-del-mundo

Símbolos de los movimientos sociales que batallan por una vivienda digna, polémicas y reivindicativas, las casas okupa se caracterizan por recuperar edificios desocupados y convertirlos en hogares o centros culturales. Siempre a la sombra del desalojo, en muchas ocasiones son una denuncia a la especulación inmobiliaria y un grito al derecho a la vivienda, eso sí, a costa del derecho a la propiedad privada. Hoy nos sumergimos en esta cultura para visitar 14 casas okupas que son auténticos referentes.

59 Rivoli, de banco a hogar de artistas (París)

En 1999 el grupo de artistas ‘En casa de Robert, electrón libre’ okupó un edificio de un gran banco que estaba situado en una de las calles comerciales más importantes de París para transformarlo y dar cabida a artistas procedentes de todo el mundo. En 2001 el Ayuntamiento lo compró, legalizó y le cambió el nombre, permitiendo a los okupas continuar con su arte por el módico precio de 130 euros al mes. Bajo la invitación: ¿qué estás haciendo en este momento?, este museo recibe unos 40 mil curiosos cada año que prefieren esta alternativa gratuita al Louvre o al Pompidou.59 RIVOLIOKUPA2OKUPA3Rote Flora: cuando el pueblo puede más que el dinero (Hamburgo)

Una de las casas okupas más polémicas es, sin ninguna duda, Rote Flora, en Alemania. Se trata de un antiguo teatro que se okupó en 1989 y desde entonces se ha convertido en un centro cultural muy activo y en un símbolo de la izquierda alemana. El Senado vendió el inmueble a un particular que, al anunciar que iba a demolerlo, provocó multitudinarias manifestaciones. Las movilizaciones fueron tan espectaculares que el Gobierno alemán rectificó y aseguró que Rote Flora seguiría activo como centro cultural.OKUPA4OKUPA5Blokes Fantasmas: ‘okupa y resiste’ (Barcelona)

Barcelona es la ciudad europea que cuenta con más casas okupa por metro cuadrado, o al menos, la que alberga más casos protagonistas de titulares en la prensa, como Can Vies o La Carbonera. A esta lista se le suma también Los Blokes Fantasmas, un conjunto de pisos situado en el barrio de La Salut que funciona como centro cultural alternativo y que ha sido sometido a inspecciones policiales. Llama la atención el poderoso y visual mensaje en su tejado, ‘Okupa y resiste’, y el espectacular dibujo de su fachada.OKUPA7OKUPA8

Tacheles, la casa okupa más famosa del mundo (Berlín)

Tacheles puede presumir de ser el edificio okupa más famoso del siglo XXI, aunque su nacimiento se remonta a 1908, cuando se erigió como centro comercial. Durante la II GM estuvo en manos de las SS nazi y tras la caída del Muro de Berlín en 1989, con su demolición aprobada, un grupo de artistas alternativos lo okupó y convirtió en un centro de referencia para exposiciones y turistas. Sin resistencia ni violencia alguna y con un acuerdo de un millón de euros, los últimos inquilinos fueron desalojados en 2012.OKUPA10OKUPA11

Casa Vrankrijk: el emblema de la okupación (Ámsterdam)

El movimiento okupa era todo un fenómeno social en Holanda, un país a la vanguardia en libertad ciudadana y con una ministra de Cultura que fue okupa en su época, hasta que a finales de 2010 se cortó el grifo y okupar se convirtió en delito. Uno de los edificios más conocidos del glorioso pasado del gusto por el inmueble ajeno es la céntrica casa Vrankrijk, okupada desde 1982 para evitar que en su lugar se construyeran apartamentos. Fue comprado por sus nuevos inquilinos en 1992 y tiene un café donde se debate sobre globalización. OKUPA13OKUPA14

Prestes Maia, el rascacielos ‘okupado’ más grande (São Paulo)

Todos los ejemplos de los que os he hablado antes se quedan pequeños ante el Prestes Maia, un rascacielos de 22 plantas situado en São Paulo en el que viven de manera organizada 1500 personas. El edificio era antes una fábrica textil, pero al ser abandonada empezó a ser ocupada en 2010 hasta convertirse en toda una ciudad vertical.

Prestes Maia es el rascacielos okupa más grande del mundo, después que en 2015 desalojaran la Torre de David, un edificio situado en Caracas (Venezuela) en el que durante años vivieron también centenares de familias. El edificio es conocido por haber aparecido en la tercera temporada de Homeland.OKUPA16OKUPA18

Forte Prenestino, un centro okupa atípico (Roma)

Roma guarda entre sus murallas el inmueble que se alzaría con el Pulitzer a la okupación más especial. Se trata, nada más y nada menos, de un antiguo fuerte militar que desde hace 30 años funciona como un centro social autogestionado en el que se llevan a cabo exposiciones, conciertos y actos culturales.OKUPA31OKUPA21Casas Brixton: 32 años sin pagar el alquiler (Londres)

Durante 32 años, más de 72 personas vivieron como okupas en 7 viviendas de estilo victoriano situadas en el barrio londinense de Brixton, que eran propiedad del Estado. A pesar de que no pagaban alquiler, el Ayuntamiento tenía conocimiento de la okupación y hacía la vista gorda. Esto cambió en 2013 cuando decidió desalojarlos para vender la propiedad y tener liquidez.OKUPA22

La Carbonera: un grafiti para el recuerdo (Barcelona)

Aunque ya no es una casa okupa, La Carbonera siempre tendrá entre sus paredes el recuerdo de que un día lo fue. ¿El motivo? El Ayuntamiento de Barcelona ha catalogado el edificio, lo que implica que el gran grafiti que está pintado en su fachada nunca podrá ser eliminado. El inmueble, también conocido como La Carbonería o Casa Tarragó, estuvo okupado hasta el 2014 y actualmente es el edificio más antiguo del barrio del Eixample.OKUPA25OKUPA26

Tommy Weissbecker Haus: la casa okupa legal (Berlín)

En el colorido distrito de Kreuzberg destaca esta casa fácilmente identificable por el impresionante grafiti que cubre todo un lateral del edificio. Fundada en honor a Tommy Weissbecker, un joven anarquista muerto en un intento de detención por la policía, fue okupada en 1973 por jóvenes sin techo o que habían huido de su hogar y buscaban un lugar donde pasar la noche. Actualmente y de manera legal, continúa fiel a esa filosofía, con una sala de conciertos y un pub incluidos.OKUPA27OKUPA29

The Snakehouse: de hogar okupa a apartamentos de lujo (Ámsterdam)

Volvemos a Ámsterdam para hablar de The Snakehouse, un ‘squat’ de 4 plantas ocupado desde 1983, en el que convivían y trabajan 10 artistas. Pese a ser un referente artístico en la ciudad, fue derribado hace pocos meses. En su lugar se han construido, paradojas de la vida, unos apartamentos de lujo.OKUPA30OKUPA19

The Castle, una casa para 100 personas (Londres)

Que el precio de la vivienda va camino de la órbita de Saturno es una realidad y más si eres joven, no juegas en la Premier League y quieres vivir en una ciudad como Londres. Ante esta situación, siempre puedes aplicar el Do it yourself a lo grande. Este edificio de cinco plantas de antiguas oficinas de la ciudad del Támesis es un buen ejemplo donde viven cerca de 100 personas, a modo de respuesta directa al problema de la falta de vivienda y de espacios culturales para la juventud. Eso sí, de vez en cuando se toman un respiro organizando una rave y se olvidan del precio del alquiler.OKUPA32

Kukutza: una fábrica okupada y polémica (Bilbao)

Un caso muy sonado fue el del centro cultural Kukutza en Bilbao. Una fábrica okupada de 1996 a 2011 que se convirtió en referente y cuyo desalojo fue uno de los más polémicos que se recuerdan. El resultado: 140.000 euros en daños y desperfectos, 64 detenido y 72 partes de lesiones.OKUPA33kukutza

Teufelsberg: Una escuela nazi que ahora es una galería urbana

A medio camino entre edificio okupa y galería alternativa de arte urbano, encontramos Teufelsberg, una escuela militar nazi que a partir de los años 50 fue utilizada por los estadounidenses como centro de escuchas (la llaman la colina de los espías). Actualmente está abandonada y sus instalaciones han sido completamente pintadas con impresionantes grafitis. Además, para llegar hay que recorrer durante 20 minutos un precioso bosque desde el que se ve todo Berlín. Aunque no hay un conteo oficial de cuánta gente vive allí, hay decenas de personas que pernoctan en las instalaciones.OKUPA35OKUPA36

XI KEDADA REGENERA. Sábado 30 de abril a las 10.00 en el Albergue El Valle

Estimad@ Amig@

El próximo 30 de Abril tendrá lugar nuestra XI Kedada en el Albergue El Valle.  El objetivo de nuestras Kedadas es disfrutar de un día de convivencia con personas asociadas y con todas aquellas que quieran conocernos y participar de la actividad.

Para las personas que no conocen el lugar, entrando en la web del albergue  El Valle pueden acceder a las indicaciones  www.albergueelvalle.com

En esta ocasión, la dinámica del día vendrá marcada por la Red de Economía Alternativa y Social (REAS), red a la que nosotros pertenecemos. Empezaremos puntualmente a las 10 de la mañana, hasta aproximadamente las 17 hs. El orden de actividades de la jornada, siempre en tono relajado y participativo, será el siguiente:

–        Breve introducción a Regenera

–        Presentación de todas las entidades que integran REAS

–        “Economía social y solidaria. Objetivos, buenas prácticas y retos”. Nicolás Torrano. Presidente de REAS Murcia.

–        Presentación de la web del “Grupo de consumo responsable de Regenera”. Regenera.

–        Presentación de la dinámica participativa en mesas temáticas. ¿Cómo hacer una realidad la economía social y alternativa en tu ciudad?

–        Concierto a cargo del cantautor Jesús Cutillas (Asociación Murciana de Canta Autores, AMCA).

CONFIRMAR ASISTENCIA

La comida será a las 14,30, al precio de 10€ (ensalada, arroz con pollo o verdura, agua y postre. La Asociación servirá un pequeño aperitivo y vino (cerveza, se abona aparte).
ES IMPRESCINDIBLE CONFIRMAR asistencia y número de comensales hasta el jueves 28 de abril para poder reservar la comida, escribiendo a info@regeneraconsciencia.org, o llamando al teléfono de ReGenera (633525795)