XI KEDADA REGENERA. Sábado 30 de abril a las 10.00 en el Albergue El Valle

Estimad@ Amig@

El próximo 30 de Abril tendrá lugar nuestra XI Kedada en el Albergue El Valle.  El objetivo de nuestras Kedadas es disfrutar de un día de convivencia con personas asociadas y con todas aquellas que quieran conocernos y participar de la actividad.

Para las personas que no conocen el lugar, entrando en la web del albergue  El Valle pueden acceder a las indicaciones  www.albergueelvalle.com

En esta ocasión, la dinámica del día vendrá marcada por la Red de Economía Alternativa y Social (REAS), red a la que nosotros pertenecemos. Empezaremos puntualmente a las 10 de la mañana, hasta aproximadamente las 17 hs. El orden de actividades de la jornada, siempre en tono relajado y participativo, será el siguiente:

–        Breve introducción a Regenera

–        Presentación de todas las entidades que integran REAS

–        “Economía social y solidaria. Objetivos, buenas prácticas y retos”. Nicolás Torrano. Presidente de REAS Murcia.

–        Presentación de la web del “Grupo de consumo responsable de Regenera”. Regenera.

–        Presentación de la dinámica participativa en mesas temáticas. ¿Cómo hacer una realidad la economía social y alternativa en tu ciudad?

–        Concierto a cargo del cantautor Jesús Cutillas (Asociación Murciana de Canta Autores, AMCA).

CONFIRMAR ASISTENCIA

La comida será a las 14,30, al precio de 10€ (ensalada, arroz con pollo o verdura, agua y postre. La Asociación servirá un pequeño aperitivo y vino (cerveza, se abona aparte).
ES IMPRESCINDIBLE CONFIRMAR asistencia y número de comensales hasta el jueves 28 de abril para poder reservar la comida, escribiendo a info@regeneraconsciencia.org, o llamando al teléfono de ReGenera (633525795)

La Roda de Andalucía abre el primer banco municipal de España, con un capital de 25.000 euros

http://www.andalucesdiario.es/economia/la-roda-de-andalucia-abre-el-banco-publico-municipal-de-espana-con-25-000-euros/

Ana Isabel Cerro / 11 mar 2016 Gobierno-local-de-La-Roda

El gobierno local de La Roda de Andalucía, con su alcalde Fidel Romero al frente.

Algunos pensarán que no merece el nombre de banco público, pero, les guste o no, eso es lo que es. Eso sí, se trata de un banco muy modesto y con criterios muy particulares a la hora de conceder créditos. De momento, su capital es de solo 25.000 euros, pero no deja de ser capital. Y los créditos son como máximo de 1.500 euros, pero no dejan de ser créditos. Lo que sí cambia con respecto a la banca convencional son los intereses, que son cero. En eso sí que es distinta: en la banca municipal de La Roda no puede decirse que los intereses sean propiamente intereses.

La banca pública creada por el Ayuntamiento de La Roda de Andalucía, gobernado por Fidel Romero (IU), comenzará a funcionar a partir de la próxima semana con la entrega de sus primeros microcréditos. El Presupuesto 2016 de La Roda de Andalucía, un municipio sevillano de 4.200 habitantes, consta de 4.635.454 euros, de los cuales sólo en gastos de personal destina 2.400.000 euros a lo que hay que añadir los gastos fijos como son por ejemplo la luz. Sólo a servicios sociales el Ayuntamiento destinada 335.000 euros, lo que supone el 38 por ciento del presupuesto si se obvian estos gastos de personal y gastos fijos.

Esta banca está dotada inicialmente con 25.000 euros y está abierta a donaciones y aportaciones anónimas, particulares o de empresas. Estos microcréditos reintegrables serán como mínimo de 1.000 euros y como máximo de 1.500 euros a devolver en 12 meses o 18 meses al cero por ciento de interés.

Los préstamos estarán dirigidos a autónomos o pymes que quieran modificar su local, compra de suministro, renovar los equipos informáticos, adquirir mobiliario nuevo, pago de facturas atrasadas, entre otros. Cualquier autónomo o pyme que haya pedido uno de estos microcréditos y lo haya devuelto en su totalidad podrá volver a pedirlo.

Según informa el Ayuntamiento, estará soportado en la Comisión Especial de Cuentas que hará de consejo de administración con el alcalde de presidente, el interventor como fiscalizador de todos esos préstamos y en el que todos los grupos de la oposición serán los consejeros.

INTERÉS: CERO POR CIENTO

El propio Fidel Romero (IU) anunciaba el paseo 26 de enero la banca pública, “convirtiéndose La Roda en el primer ayuntamiento de España en tenerla”.

“Queremos que esa banca pública esté al servicio de la gente. Queremos que estos créditos lleguen a las personas que generan empleo. Este tipo de medidas le dicen al resto de administraciones que sí se puede hacer”, explicó Romero, que estuvo acompañado en la presentación por su equipo de gobierno al completo, Pepi Valverde, Belén Botella, Manuel Bonilla, Francisco Javier Maldonado y Juan José Torres; además de por dos diputadas de IU en la Diputación de Sevilla, Engracia Rivera y María Izquierdo.

Por otro lado, el Ayuntamiento también anunciaba que alquilaría un total de cuatro pisos destinado a estudiantes –dos en Sevilla, uno en Málaga y otro en Granada– y lo pondrá a disposición de los estudiantes cuyas familias tengan dificultades económicas. Un total de 16 estudiantes se beneficiarán de esta medida y tendrán alojamiento gratuito durante un año. La partida constará de 25.000 euros y pretenden que se amplíe en los próximos años.

UN PRESUPUESTO MUY SOCIAL

“El 90 por ciento de los estudiantes de La Roda estudian en Sevilla, Málaga y Granada. Queremos garantizar que estos estudiantes tengan asegurado el alojamiento y hemos encontrado que a veces el abandono de los estudios es porque la familia no puede hacerse cargo de los gastos que esto ocasiona. Serán los propios estudiantes los que decidirán cómo se va a elegir estos 16 estudiantes aunque siempre se tendrá en cuenta el nivel de renta”, explica.

El prepuesto municipal también incluye becas de ayuda al estudio de 350 euros como mínimo y de 650 euros como máximo, así como becas de 1.000 euros para la realización de proyectos de jóvenes universitarios y de Ciclo Medio Superior, una partida de 45.000 euros destinada a microcréditos de hasta 350 euros (destinados al pago de la luz, el agua, sellos, entre otros), ayudas de 500 euros a las mujeres que lleven más de seis meses como autónomas o jóvenes emprendedores.

CENA FIESTA REAS – 10 AÑOS ASOCIACIÓN BIOSEGURA

Hola,
Ya está aquí el verano, el calor, los mosquitos, las vacaciones, etc. y apetece salir un poquito más. Nosotros hacemos una propuesta:
¿Nos vemos en Los Pájaros el día 27 de Junio por la noche?

Te cuento, los amigos de REAS (Red de Economía Alternativa y Solidaria) han organizado una fiesta y contaremos con música, tapicas ricas, cerveza artesana (Yakka), algunos puestecitos, sorteos y vuestra compañía. Nos acompañarán amigos de Traperos de Emaús, Biosegura, Murcia en bici,… ¿te apuntas?
Para organizar mejor todo esto hemos preparado unos tickets que cuestan 10€ e incluyen un par de cañicas artesanas y cuatro tapas para acompañar. Habla con todos tus amigos y me pides los tickets que necesites, eso nos ayudará a tener todo mejor preparado para disfrutar de la noche.
cena-fiesta reas

Errekaleor, el barrio más inteligente de Gasteiz

https://www.diagonalperiodico.net/global/26704-errekaleor-barrio-mas-inteligente-gasteiz.html

la recuperación colectiva empezó el 3 de septiembre de 2013

Cien personas viven en Errekaleor, un barrio obrero recuperado en Vitoria para poner en marcha un proyecto común de solución habitacional y reivindicación.

Pablo Elorduy, Carmen García Corrales 17/05/15errekaleor_carmen_garciaCentro social de Errekaleor, en Gasteiz. / Carmen García Corrales

Unos metros separan el número 26 del barrio de Errekaleor en Vitoria-Gasteiz de la placa que recuerda a Romualdo Barroso, asesinado por la policía el 3 de marzo de 1976 durante los sucesos de Vitoria. Unos pocos metros en los que es posible imaginar la historia de este pequeño barrio que conecta la parte sur y la parte este de la ciudad. Otros murales trazan las luchas con las que se sienten identificadas las personas que han recuperado algunas de las casas para poner en marcha un proyecto común de solución habitacional y reivindicación de otra Vitoria posible y diferente de la que vende el actual alcalde de la ciudad, el popular Javier Maroto.

Sin dinero ni para llevar a cabo la demolición del barrio, el Gobierno municipal abandonó la zona

El 3 de septiembre de 2013, un grupo de jóvenes entraba en el portal 26, la primera de las casas recuperadas por estudiantes y activistas del movimiento juvenil vasco. Hoy son más de cien personas las que viven allí, aunque no todas se han implicado en el proceso de recuperación de áreas comunes y fortalecimiento del proyecto político.

Tirando a los 30 años, Jonbe, uno de los integrantes de la asamblea, nos acompaña en un paseo por las calles del barrio. “Ahora mismo estamos 100, pero entran 700”, asegura antes de reconocer que no aspiran a vivir tantos y que las hu­medades de algunos bajos com­plica­rían volver a llenar el barrio, “pero el doble de gente, unas 200 o 300, sí podrían vivir aquí”.

La atmósfera de Errekaleor

Los columpios, el cine, la taberna, la parroquia o el taller de costura siguen guardando parte de la atmósfera de lo que fue Errekaleor, un barrio creado “para trabajadores inmigrantes del sur del Estado que venían a trabajar a las fábricas”, explica elocuente Jonbe. El bar y el cine fueron construidos por las familias obreras con sus manos, nos cuenta. El centro social, el frontón y otras zonas eran los centros de la socialización de aquellos proletarios, protagonistas invisibilizados de la Transición, que paulatinamente fueron abandonando el barrio a partir de los años 80. ¿Los motivos? Las humedades en algunas casas, la distancia hasta el centro de Gasteiz y un proceso destinado a vaciar el barrio y entregarlo a las grúas. “Cuando era pequeño se creó todo un mito alrededor de Errekaleor, de desconfianza con la zona”.

Cada tanto nace un mural, se amplía la huerta o se discute un proyecto de educación alternativa

Los pocos hogares que resistieron a la conversión en gueto de Errekaleor vieron cómo a un par de kilómetros del barrio comenzaban a despuntar altos edificios con propuestas arquitectónicas innovadoras. La conversión de Gasteiz en una smart city, a mayor gloria de los apartamentos dúplex, avanzaba sin diques hacia el viejo barrio obrero. El Ayuntamiento tardó diez años en tener casi culminado el proceso de expropiación. Entre tanto nació una plataforma de afectados, vecinos que no querían moverse pero que veían el implacable avance de las excavadoras. Y en ésas estalló la burbuja que sumergió a todo el Estado, también a la smart city, en un cementerio de cadáveres urbanísticos.

Sin dinero ni para llevar a cabo la demolición del barrio, el Go­bierno municipal abandonó la zona. A los grupos de jóvenes que usaban las carreteras desiertas para hacer derrapes, personas sin hogar que entraban en una vivienda para protegerse del frío o buscavidas que recogían la chatarra abandonada, se sumó aquel 3 de septiembre un nuevo perfil de vecino.

Movimiento estudiantil

La situación de Gasteiz la convierte en uno de los centros universitarios de la Comunidad Autó­noma Vasca. Jonbe explica que el movimiento estudiantil es fuerte pero se encuentra todavía algo desconectado del tejido asociativo y los movimientos de la ciudad, es una militancia “de lunes a jueves por la tarde”, que se interrumpe los fines de semana, cuando los estudiantes regresan a sus lugares de origen. La experiencia de Erre­kaleor, que fue recuperado inicialmente por estudiantes o recién licenciados, ha comenzado a modificar esa relación distante entre la sociedad civil y el movimiento estudiantil vitoriano.

A la creación de esa línea que acerca las necesidades de estudiantes y familias desahuciadas con el tejido de Gasteiz ha contribuido, involuntariamente, el Ayuntamiento de Vitoria, que trató de forzar el desalojo del barrio a medida que el proyecto fue creciendo y dándose a conocer en la ciudad. En febrero, aprovechando un pequeño incendio en una de las casas –que no cuentan con sistemas de calefacción–, el Ayuntamiento aprovechó para “criminalizar” a sus ocupantes, cuenta Jonbe. Los movimientos sociales de la ciudad respondieron a los mensajes de alerta y se desplazaron al barrio para evitar un posible desalojo. El Gobierno municipal envió a peritos para determinar si se incumplían las condiciones de salubridad e higiene, pero no hubo caso. Una deficiente instalación eléctrica en una de las casas recuperada sí provocó el “apagón” de casi todo el barrio que aún hoy perdura.

El castigo por parte de las autoridades impulsó a la asamblea de Errekaleor. Desde entonces las comidas y cenas se hacen en las zonas comunes, con electricidad. Allí se avanzan los contenidos de las asambleas de los domingos y se discute de política. Antifascistas del comité Pro Donbass, animalistas, militantes de la liberación sexual, familias desahuciadas organizadas en la lucha por la vivienda, disidentes de la izquierda abertzale e integrantes de la misma en alguna de sus múltiples estructuras conviven en un Errekaleor que mantiene contacto con viejos vecinos, de los cuales algunos han regresado a sus casas tras su enfrentamiento con el Ayuntamiento. “Nos hemos convertido en un agente más del movimiento popular en Gasteiz”, dice Jonbe.

Complicidades

Los nuevos vecinos de Erreka­leor cuentan con complicidades en el Ayuntamiento de parte de Bildu y de muchos partidos “progres, que no considero ‘nuestros’ en términos ideológicos, que entienden esto y lo defienden”, explica nuestro guía. Las próximas elecciones municipales del 24 de mayo también tendrán su eco en las calles del barrio. El PNV aspira a recuperar el bastón de mando de la ciudad y ha mostrado disposición a “ofrecer alternativas” al vecindario, a pesar de que el Departamento de Indus­tria del Gobierno vasco es el que ha dejado sin electricidad las casas del barrio.

Pero la vida sigue abriéndose paso en Errekaleor. A cada auzolan –días de trabajo colectivo– asisten más y más personas procedentes de todos los puntos del País Vasco. Cada tanto nace un mural, se amplía la huerta, se retiran hierros pelados, se avanza en la retirada de la taberna o se discute un proyecto de educación alternativa en la antigua escuela del barrio. Aunque la resistencia –legal, física y mental– al desalojo está programada y preparada, en las calles del barrio nada parece indicar que éste vaya a quedar de nuevo abandonado. Es más, la imaginación se dispara para pensar las posibilidades de un barrio en el que la inteligencia la pone la gente, no las excavadoras.

La gestión comunitaria en la economía social y solidaria

https://www.diagonalperiodico.net/movimientos/25987-la-gestion-comunitaria-la-economia-social-y-solidaria.html

¿Qué margen hay para aquellos proyectos que consideran que es necesaria una acción transformadora también en las ciudades? ¿Cómo invertir las dinámicas y plantear una gestión de la esfera pública que subvierta las dinámicas neoliberales?

Judit Font, Helena Ojeda, Xavier Urbano

, participan en proyectos vinculados a la gestión comunitaria como el Ateneu Popular 9 Barris, el Casal de Barri de Prosperitat o el Ateneu Popular Coma Cros de Salt.

06/03/15 ·economía social-Can BatllóNave de Can Batlló, lugar recuperado para la ciudadanía en junio de 2011. / María TC

inforelacionada

“Los comunes combinan prácticas e ideales”

Recientemente, con la reformulación o la puesta en valor de diferentes formas de gestión de servicios, recursos o equipamientos, se ha visto la carencia y la necesidad de empezar a compartir nuevos términos para viejas fórmulas, o viejos términos para nuevas fórmulas. Así pues, conceptos como el de cogestión, gestión colaborativa, gestión ciudadana, gestión comunitaria o gestión cívica se intercalan en textos y debates, muchas veces usados como sinónimos y otras para mostrarse como opuestos. Pensamos que más allá de una discusión técnica, definir un proyecto de una u otra forma hace visible la voluntad transformadora que ambiciona y el grado de autonomía que desea, y por lo tanto implica un posicionamiento ideológico y político en torno a la prestación de servicios y de rebote también, frente al modelo económico dominante y el rol que juega la administración en el mismo.

Partimos de la base de que la administración no es un espacio neutral y que, en el sistema de organización social actual, el papel de ésta ha sido considerado por la corriente de pensamiento neoliberal dominante, como una “rigidez”, un obstáculo al desarrollo del mercado. Es bajo este paradigma que se plantea una gestión de la administración bajo los criterios de racionalización, desregulación, flexibilización y liberalización, lo que tiene como consecuencia que ésta quede reducida a la mínima expresión y que pierda la consideración y el sentido de lo público.

El sector público está asumiendo un papel meramente de administrador y cliente de servicios

En el momento actual, de acuerdo con el programa neoliberal, la administración juega un papel facilitador para la extensión de la actividad económica privada en nuevos sectores estratégicos, particularmente, con todo lo que tradicionalmente ha sido relacionado con la prestación de servicios públicos: salud, educación, cultura, servicios a las personas, vivienda, transportes, limpieza … Y, porque no decirlo, también está reconfigurando la acción o participación de las entidades sociales en esta prestación de servicios.

En muchos de estos servicios y sectores externalizados se puede identificar una tendencia por parte de la administración a establecer un marco normativo de contratación que fomenta la creación de mercados oligopolistas; es decir, servicios dominados por un pequeño número de grandes empresas o grandes entidades sociales que realizarán la prestación de servicios públicos y se está ahogando y expulsando a cooperativas y entidades sociales, pequeñas y medianas, que están desapareciendo. Es así como, poco a poco, se va produciendo un trasvase del control de los recursos públicos hacia manos que tienen otros intereses, alejados de la vela por el bien común y la transformación social.

En este contexto, el sector público está asumiendo un papel meramente de administrador y cliente de servicios, que serán gestionados por el sector privado, empresas o entidades sociales, con o sin ánimo de lucro, las cuales buscarán optimizar sus resultados en base a las economías de escala y los criterios cuantitativos de altos volúmenes de gestión alcanzados.

¿Qué margen hay para aquellos proyectos que consideran que es necesaria una acción transformadora también en estos ámbitos? ¿Cómo invertir las dinámicas y plantear una gestión de la esfera pública que subvierta las dinámicas neoliberales?

¿Qué rol esperamos que tenga la administración en relación al desarrollo de experiencias transformadoras? ¿Cómo nos podemos relacionar con ella? ¿Qué entendemos realmente por proyectos transformadores?

La Economía Social y Solidaria como marco de pensamiento, experiencia y práctica de alternativas

Asumiendo esta realidad, pensamos que no se puede realizar un planteamiento de gestión de servicios, recursos o equipamientos con voluntad transformadora si no partimos de una concepción radicalmente diferente de la idea de gestión misma y la articulamos sobre unas nuevas bases alejadas del paradigma neoliberal.

Es en este sentido que consideramos que la Economía Social y Solidaria (ESS) ofrece un nuevo marco para superar la situación actual. Situar la satisfacción de las necesidades de las personas y el bienestar comunitario en el centro de las actividades económicas rompe con el paradigma neoliberal del máximo beneficio en el menor tiempo posible. Por eso queremos acentuar su fuerza como nuevo marco de referencia, en la práctica y en los valores. Un punto de partida que impugna el modelo actual.

La ESS es “solidaria” en tanto que introduce la cooperación y el apoyo mutuo a lo largo de todo el ciclo económico

Hay quien entiende la ESS como un conjunto de actividades más de la economía capitalista, donde la eficiencia empresarial puede convivir con la responsabilidad social. Este posicionamiento es no entender el capitalismo como un sistema de explotación y generador de desigualdades que debe ser superado o derrotado, sino al contrario, es creer que es posible un capitalismo con “rostro humano”.

Por eso no pensamos en la ESS como un nuevo sector de la economía, sino como otra forma de organización de la sociedad en torno a los recursos productivos y los sistemas ecológicos:

La Economía Social y Solidaria no debe ser un fin en sí mismo, sino un medio que contribuya a la mejora de la calidad de vida. Autores como Coraggio (2011) o Razeto (1999) explican cómo esta economía es “social” en tanto que toda economía es una construcción social, política y cultural y no el resultado de una “mano invisible” del mercado; es “social” porque produce comunidad, porque se basa en el valor de uso y no en el valor de cambio. Asimismo es “solidaria” en tanto que pone en el centro de la actividad económica la satisfacción de las necesidades de la población y esto no se puede hacer desde relaciones basadas en la competencia sino desde la cooperación. No se trata de producir en base a la explotación y luego redistribuir los resultados solidariamente, la economía es “solidaria” en tanto que introduce la cooperación y el apoyo mutuo a lo largo de todo el ciclo económico. Es decir, entendemos que la Economía Social y Solidaria hace referencia al conjunto de actividades de producción, distribución, consumo y financiación orientadas al bienestar de la comunidad, cuestionando la propiedad privada y sin perder los valores y principios a lo largo del proceso económico.

Por lo tanto, hay que entender el marco de la ESS como un instrumento de lucha para las personas y comunidades comprometidas con la transformación del sistema capitalista y no como un “tercer sector” de la economía capitalista. Otra cosa es cómo se opera en estos contextos sin perder estos valores, estos principios y esencias, o como se aprovechan las oportunidades para extender la ESS de corte rupturista en la prestación de servicios.

La Gestión Comunitaria como propuesta desde la Economía Social y Solidaria

Para empezar a hacer un buen análisis de las diferentes fórmulas de gestión de bienes, servicios y recursos públicos quizás hay que hacer una pequeña introducción terminológica para clarificar los conceptos utilizados actualmente, tanto desde la administración como desde las entidades gestoras o los movimientos sociales.

Remitiéndonos a los conceptos, la “gestión cívica” era la fórmula que utilizaba la administración (hablamos en concreto de la administración catalana) para referirse a la cesión de un equipamiento público a una entidad, convirtiéndose esta fórmula una alternativa a la “gestión externa”, cuando la cesión que se producía era una empresa. La “gestión directa” era la fórmula cuando la gestión era asumida directamente por la administración, con personal contratado o funcionario. La “cogestión” era cuando se producía una fórmula mixta, o sea, cuando se daban situaciones como la de un equipamiento con doble dirección (un director puesto por la asociación y el otro para la administración), o cuando la gestión era de las entidades pero los trabajadores se contrataban a empresas privadas.la gestion comunitariaAteneu Nou Barris.

El gran problema ha sido, sin embargo, que las fórmulas de gestión han ido siempre ligadas a las voluntades administrativas / políticas de los distritos, esclavos muchas veces de sus alianzas o conflictos locales y esto ha impedido, hasta el día de hoy, el existencia de un marco común y regulado que desarrolle a fondo el concepto de la “gestión cívica”.

La gestión comunitaria parte del presupuesto de que los equipamiento y servicios son bienes comunes de la población, no recursos de la administración

Ahora bien, ante esta situación, ya hace unos años que una serie de entidades y asociaciones se pusieron a trabajar para la creación de este marco, de donde nace la Plataforma de entidades de Gestión Ciudadana de Barcelona. Y es que al margen de la creación de este marco ‘normativo’, existía la firme voluntad de hacer evolucionar el concepto “cívico” y avanzar hacia un modelo de gestión que también viene acompañado de una serie de valores, poniendo el énfasis en la idea de la “participación ciudadana”.

La administración, por su parte, también está redefiniendo los conceptos y comienza a hablar de la “gestión colaborativa”, partiendo de la premisa de que la institución “cede” una parte de sus obligaciones a la “ciudadanía” como fórmula para reforzar el vínculo colaborativo entre el ciudadano y la institución, entendido como mecanismo de participación.

Desde la perspectiva de la “gestión comunitaria”, la idea es otra. Desde esta propuesta se parte del presupuesto de que los equipamientos y servicios son bienes comunes de la población, no recursos de la administración. Es decir, hay que entender que un centro de jóvenes no es un equipamiento del ayuntamiento, sino que es el equipamiento de un barrio. Por tanto, es derecho y responsabilidad de la sociedad el hecho de tomar parte de la gestión de aquellos recursos y servicios que le afectan en su cotidianidad.

Si entendemos que un equipamiento municipal está gestionado por una entidad (o conjunto de entidades) arraigada a un territorio, la tarea de la administración debería ser la de facilitar esta gestión, hacer una función de acompañamiento. En ningún caso, en las experiencias y procesos de gestión ciudadana / comunitaria se plantea una gestión y toma de decisiones conjunta o colaborativa entre administración y entidades, sino que son las poblaciones organizadas las que ocupan la centralidad, las que tienen todo el peso y la responsabilidad de la gestión, consensuando las propias normas en torno al proyecto. Hay que situar en el centro los verdaderos protagonistas: las personas, vecinos y vecinas y la administración al lado, para responder a las necesidades que se expresen desde las comunidades, legitimadas socialmente.

Y es que la ruptura de la confianza en la Administración, la multiplicación de los centros sociales, centros o ateneos autogestionados, o el empoderamiento de muchos proyectos en los barrios (cooperativas de consumo, PAH…) ha empezado a visibilizar otras formas de construir lo que llamamos como “esfera pública no estatal”, es decir, una serie de proyectos que velan y potencian los intereses públicos pero que se encuentran construidos al margen o, incluso, a pesar de la administración. Tenemos que pensar que cada vez que un territorio recupera la gestión de un bien público, sea éste de titularidad municipal o no, es fruto –casi siempre– de una lucha vecinal de reivindicación y del consiguiente equilibrio de fuerzas. Este hecho se verá reflejado posteriormente a la hora de establecer una negociación, en su caso, en la concreción de los términos de la gestión (horarios, financiación, autonomía…). Ante estos factores condicionantes, entendemos la Gestión Comunitaria como un concepto amplio, muy ligado a entender equipamientos, servicios y recursos como una herramienta de transformación social y de empoderamiento de las comunidades.

Es desde esta idea de que trabajamos dentro del marco de la economía social y solidaria: colocando en el centro el bienestar de las personas y no la maximización del beneficio y, a la vez, considerando que los procesos de producción, distribución, consumo y financiación deben revertir en la mejora de la comunidad todo socializando su propiedad.

Por eso la gestión comunitaria tiene que ver con la constante definición de necesidades colectivas, con la provisión, distribución de servicios y recursos comunes, y en la toma de decisiones sobre los mismos. Es así como toman sentido los valores que hacen singular esta opción y la diferencian de otras:

a) Accesibilidad / universalidad: en que se parte de la noción de bien común y para que así lo sean, hay que garantizar la accesibilidad de la comunidad a los servicios y recursos, con criterios de derecho y sentido de lo público, sin exclusiones ni discriminaciones.

b) Democracia directa y autodeterminación: que pasa por la permeabilidad y la incorporación de cualquier miembro de la comunidad en las estructuras de gestión y toma de decisiones.

No obstante se ha de tener en cuenta que cada grupo de trabajo tiene ritmos y formas propias, pero que la toma de decisiones globales (presupuestos, formas de implicación, normas, formación, servicios) deben tomarse en base al consenso y con potestad de revisar los criterios acordados.

c) Transparencia: en la gestión económica y en la toma de decisiones. Para hacerlo hay accesibilidad a la información económica del proyecto y de sus órganos de gestión y que ésta sea evaluable por cualquier persona. Hay que trabajar los aspectos comunicativos y de flujos de información para que podemos estar reproduciendo formas de opacidad por omisión.

d) Autocontrol y autoevaluación que nos servirá para revisar si cumplimos con los criterios de control democrático de los proyectos. Sin quererlo los proyectos son desiguales e imperfectas ya menudo se dan situaciones de poder para autoritarismo, carismas, sumisión o despotismos. Hay que ser conscientes de estos factores y actuar en los procesos de gestión relacional y de toma de decisiones para equilibrar las relaciones. Los mecanismos de autocontrol no deberían quedar sólo como herramientas consultivas, sino que deberían prever la capacidad de decidir sobre la revocación de los cargos y responsabilidades.

e) Vínculos territoriales que cualquier entidad y proyecto debe mantener con el entorno. Debe ser el contexto en el que se encuentre el que defina los proyectos y que estos respondan a un interés colectivo consensuado. Va desde el apoyo a grupos de artistas y colectivos locales, como la implicación en la programación de la vida cultural de la población.

f) Capacidad de convertirse en una herramienta al servicio de la comunidad que lo rodea para transformar el entorno que habita. Comporta valorar diferentes cuestiones como la función del proyecto y el volumen de actividad que asuma, la remuneración por ciertas tareas y funciones, tiempo de dedicación etc. que hace más compleja la estructura social y organizativa de la comunidad al condicionar la horizontalidad, transparencia y control social en el seno de la comunidad.

g) Posibilidad de reversión en los propios proyectos y el retorno a la comunidad: la gestión comunitaria debe incorporar criterios de eficiencia, eficacia y responsabilidad social, métodos de evaluación propios que permitan desarrollar un balance social en clave de bien común y reciprocidad.

Por tanto, la gestión comunitaria se basa en un proceso de (permanente) movilización social en el que unos actores sociales toman conciencia de la existencia de unos intereses y necesidades comunes y se organizan para constituir y sostener una organización alrededor de la elaboración y la aplicación de proyectos colectivos. Por ello, supone la posibilidad de las poblaciones de tomar parte activa en el proceso de transformación del entorno, propone la autodeterminación en la toma de decisiones y la creación de espacios de consenso y soberanía. Parte del ejercicio de conquistar y no ser subsidiario, supone generar vínculos de apoyo mutuo y facilita la creación de sujetos colectivos y relatos compartidos, lo que confiere posibilidades de resistencia y capacidad negociadora.

Lo que debe primar, pues, para referirnos a la gestión comunitaria de un proyecto no es el estatus jurídico-legal del espacio / servicio (okupado, cooperativizado, de gestión ciudadana…) sino los valores, objetivos y los procedimientos que vinculan la comunidad de referencia en relación al proyecto y el entorno.

Es en base a estos valores que los modelos y formas de hacer gestión comunitaria pueden ser diferentes y aplicables a distintos ámbitos de la política y la gestión pública, como por ejemplo equipamientos, servicios, obra pública, recursos…

En cuanto a la gestión de equipamientos, ámbito en el que se acumula más experiencia y donde encontramos proyectos referentes, por ejemplo, entendemos que no todos los proyectos de gestión ciudadana, (que implican la gestión de un equipamiento municipal por parte de una entidad) son o pretenden ser proyectos de gestión comunitaria. Esta idea irá íntimamente ligada a su forma de organización y relación con el entorno.

Es decir, en muchos casos, la administración ha hecho o quiere hacer del modelo de gestión ciudadana, cogestión o gestión colaborativa, una extensión del concepto institucional de la participación: vacío, vertical, acrítico, voluntarista y legitimador … cuando no, una herramienta de uso clientelar para fidelizar relaciones con algunas asociaciones o castigar a otros.

Por eso entendemos la Gestión Ciudadana como el acuerdo entre una entidad y la institución en virtud del cual la primera gestiona unos servicios o recursos de titularidad municipal y la Gestión Comunitaria como la voluntad de gestionar servicios o recursos de una determinada manera con unos determinados objetivos, procedimientos y valores al margen del estatus legal de servicios o recursos.

Un concepto, Gestión Ciudadana, nos ayuda a construir el marco jurídico legal y a definir el pacto entre sociedad / entidad y administración y el otro, Gestión Comunitaria, nos enmarca este tipo de gestión dentro de la Economía Social y Solidaria, con toda la potencia de la transformación social y la propuesta política que ello conlleva.

Nuestra propuesta o apuesta –o sueño compartido– es que los proyectos de Gestión Ciudadana respondieran, en el mayor número posible, a procesos de Gestión Comunitaria, para favorecer el empoderamiento de las comunidades, la autodeterminación y autogestión de los recursos públicos. Siempre partiendo del consenso comunitario y los valores sociales, cooperativos y solidarios, orientados a la mejora de las condiciones de vida, poniendo en el centro el interés por el bien común.

La voluntad de estas líneas no es sentar ninguna cátedra, sino poner sobre la mesa un debate que ya se está teniendo en varios espacios, pero que pensamos que aún no ha tomado una dimensión colectiva. Intentamos dar argumentos y aportar una perspectiva construida de forma coral, a seis manos, pero muy vinculada a los proyectos donde estamos y por donde hemos pasado. Somos conscientes de que hay temas clave a desarrollar con profundidad, como puede ser por ejemplo cuál debe ser el papel de la administración ante la gestión comunitaria, esperamos que este y otros temas los continuemos trabajando juntos.