Salburua y Plaiaundi, volver hacia lo natural

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El humedal de Salburua, a diez minutos de Vitoria, y las marismas de Plaiaundi, en Irún, son dos espacios recuperados, pulmón y hogar de numerosas especies.

Texto: Déborah García Sánchez-Marín
Fotografía: Iratxe Goikoetxea

Es difícil explicar lo que supone vivir en una ciudad como Vitoria, pero basta un ligero vistazo de cualquiera a Google Maps para comprobar que es, desde el aire, una de las ciudades más verdes.

La cantidad de metros cuadrados de espacio verde que corresponden a cada habitante no es una casualidad, pero es solo un mero número si lo comparamos con la posibilidad de estar en Salburua, un parque natural protegido, a menos de diez minutos desde cualquier punto de la ciudad.

Sin embargo, cuando en los años 90 se inició el proceso de recuperación del humedal de Salburua, en la administración alavesa la gente hablaba con desdén de pájaros y flores. Hoy el todo el mundo mira al humedal como si fuera un milagro.

Algo similar nos cuenta Mikel Etxaniz, el encargado de la Ekoetxea de las Marismas de Txingudi: “Aquí desde la época de desarrollismo, en los años 50, hemos vivido de espaldas a la marisma, y es a partir de los 90 cuando se intenta dar valor a este ecosistema que tenemos”.

Es curioso cómo ambos espacios, Salburua y Plaiaundi, han tenido evoluciones muy paralelas. Según cuentan los responsables de Salburua, los humedales formados por las surgencias del acuífero cuaternario de Vitoria, una enorme bolsa de agua que se extiende bajo gran parte de la Llanada alavesa, habían sido durante siglos una zona de extraordinaria riqueza en pastos, caza y pesca.

En 1957 comenzó un proceso para desecar las lagunas y talar los bosques que los rodeaban. Fue progresivo. Había detrás un proyecto de la Diputación para construir la granja-modelo, con un canal de la balsa que pasaba por el eje de las lagunas. Les interesaba desecar por problemas de encharcamiento.

Para costear las obras, se permitió a los pueblos propietarios de los terrenos –Arkaute, Arkaia y Elorriaga–, que los vendieran y así es como empezó a cultivarse en esos suelos.

Si reflexionamos, observamos que lo que sucedió era una moda que existía en toda España y en Europa,  ahí está el caso de Doñana. Tras los intentos por recuperarla iniciados en 1994, Salburua se ha convertido a día de hoy en el humedal continental más valioso de Euskadi. Asimismo, Plaiaundi fue restaurado en 1998 y supuso el primer paso en la conservación de Txingudi.

El enclave, una antigua marisma, fue degradado durante el siglo XX, soportando rellenos y usos marginales, llegó a ser el vertedero de Irún. Plaiaundi es un espacio natural de reconocido valor ecológico tanto por ser el mejor ejemplo de medio marismeño existente en Gipuzkoa, tras Urdaibai, como por su privilegiada situación para que diversas aves migratorias fijen ahí su zona de refugio.

El enclave se encuentra situado en el área comprendida entre el río Bidasoa y la regata del Jaizubia, en un emplazamiento que permite avistar toda la Bahía de Txingudi, pero en contacto directo con la ciudad de Irún. Plaiaundi, al igual que Salburua, se encuentra próximo a núcleos urbanos. Si en Gasteiz hubo que luchar contra la ignorancia de los políticos para sacar adelante el proyecto de Salburua, en Plaiaundi la lucha es continua. Los procesos ecológicos que no conocen fronteras se dan de bruces contra la frontera política existente entre los dos estados, el español y el francés, haciendo casi imposible el articular una política ecológica común y continuada.

La importancia de Plaiaundi y Salburua como parques ecológicos protegidos, lindando ambos con núcleos urbanos, trasciende el ámbito local y regional. Ambos enclaves se erigen como potentes pulmones, depuradoras capaces de eliminar sustancias nocivas del agua. En Salburua, por ejemplo, hay que destacar la riqueza de la fauna acuática, y emergente, las formaciones de espadilla, son consideradas las mejor conservadas de la Península Ibérica. Además, destaca un robledal que pervive como el único de toda la Llanada Alavesa.

A su vez, la importancia faunística de Plaiaundi es incuestionable, tanto por la diversidad, como por el grado de amenaza de muchas especies.

En Salburua, toda la fauna que habita es de origen silvestre, a excepción de una manada de ciervos que fue introducida en el parque para el control de la vegetación palustre.

En el caso de Plaiaundi sobresale la riqueza de las aves: en su pequeña extensión –tan solo 24 hectáreas– se han detectado más de 257 especies, reflejo de las características geográficas que conceden importancia a Euskadi en el contexto migratorio. Este pequeño embudo geográfico en el que nos encontramos canaliza el flujo de más de 90 millones de aves entre Europa occidental y África.

El parque de Plaiaundi recoge tanto los efectivos de aves continentales que evitan la cadena pirenaica en sus migraciones, como la corriente de aves marinas y acuáticas que viajan siguiendo la línea costera. Aves acuáticas como garzas y espátulas, además de anátidas limícolas y paseriformes de carrizal que utilizan el humedal como estación de parada.

Ambos parques garantizan actualmente la continuidad de algunos vertebrados amenazados que dependen de estos espacios. Y es que la conservación de los hábitats es la mejor forma de garantizar la protección de nuestra riqueza ecológica y también de las especies que albergan.

No es ninguna sorpresa decir que Vitoria es la mayor parte del año una ciudad gris, y que podemos pasarnos semanas sin ver un rayo de sol. Algo parecido sucede con Irún, una ciudad donde predomina el paisaje industrial. Pero espacios como Salburua o Plaiaundi nos reconcilian con lo natural.

Desde Salburua emociona ver cómo la pradera se conecta con los montes, mientras el corazón de la ciudad late al fondo tranquilo, sabiendo que aquí se esconde una especie de fuente de la vida.

A toda vela para salvar el Río Aguas en Almería

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Un grupo de activistas de Ecologistas en Acción  (EeA) denunciaron el pasado lunes en Almería la sobreexplotación de los acuíferos de la comarca del Río Aguas, en el desierto de Tabernas. En piraguas y con el acompañamiento del velero Diosa Maat hicieron visible el mensaje “Salvemos el Río Aguas” en la playa del Palmeral en la ciudad de Almería.

Texto: Alberto Otero
Fotografía: Ecologistas en Acción

“Estamos perdiendo ricos hábitats y generando un problema de abastecimiento de agua a las 35.000 personas que viven en la zona por la sobreexplotación a manos de unos pocos grandes empresarios”, denuncia a El Salto Jesús Garrido, coordinador de la campaña de EeA en Almería. “Hay pueblos y aldeas a las que la diputación lleva meses llevando agua en cisternas. No es sostenible”, incide Garrido.

La explotación de monocultivos superintensivos de olivares en la zona regados con aguas fósiles extraídas del acuífero Aguas es para EeA el principal motivo de una sobreexplotación “de más de un 400%”. Este acuífero es el que da origen al Río Aguas, uno de los pocos ríos de esta provincia, en gran parte desertificada.

Para el grupo ecologista, “estamos ante un ecocidio” que acarrea “una pérdida de biodiversidad” y representa una “amenaza” para las actividades tradicionales ganaderas y agrícolas de la zona, “lo que obliga a la gente a abandonar la zona en busca de otros lugares donde poder vivir”.

Protesta de Ecologistas en Acción en Almería.

EeA quiere continuar de este modo la reivindicación que durante el mes de julio contó con una cibercampaña con el hashtag #SalvemosElRíoAguas. Teresa Rodríguez, coordinadora de Podemos Andalucía, Rosa Martínez, diputada por Bizkaia y coportavoz de Equo o Alicia Puleo, filósofa ecofeminista Catedrática de la Universidad de Valladolid, son algunas de las participantes de esta campaña que ha contado con contribuciones de los cinco continentes.

Distintos grupos ecologistas agrupados en la Plataforma Acuíferos Vivos llevan más de quince años denunciando la sobreexplotación del acuífero por el cultivo superintensivo de olivos y el fin de esta joya almeriense parece estar cerca si no se actúa de forma inmediata.

La Plataforma denuncia que el Gobierno, “admitiendo la grave sobreexplotación del acuífero”, reconoce que no tomará medidas hasta el horizonte 2022-2027. Desde Acuíferos Vivos denuncian que, a este ritmo, para esas fechas el acuífero estará completamente seco.

 

La próxima España negra

Cinco mapas y siete estadísticas que explican por qué España está en el centro del calentamiento global

Marta Peirano

Abel Vázquez – Carto

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Europa se calienta a mayor velocidad que el resto del planeta. Lo dice el último informe de la Agencia Europea del Medioambiente, elaborado de manera conjunta por 60 especialistas e instituciones. Aseguran que la cuenca mediterránea sufrirá un aumento drástico de temperatura, sequía, incendios, inundaciones y cosechas perdidas. Solo que en España ya está ocurriendo: el pasado 13 de julio, Córdoba batió el récord histórico de temperatura. Como dice el investigador principal del informe, Hans-Martin Füssel, “las proyecciones climáticas se están haciendo realidad”.

La península ibérica está en la zona templada del planeta, encajada entre la masa de aire frío y húmedo que viene del Atlántico y la de aire caliente y seco que viene de África. Las altas temperaturas son inherentes a nuestro contexto geográfico, un legado al que contribuímos largamente con prácticas, planificaciones y tecnologías que las suben todavía más. Ya hay estudios que afirman que los incendios de Portugal y Doñana son consecuencia directa del calentamiento global.

La alarma de verano se activó con el devastador incendio de Pedrógão Grande, que acabó con 50.000 hectáreas de bosque y mató a 64 personas. En lo que va de año, en España se han quemado más de 15.000 hectáreas. Casi todas han sido en en Parque Nacional de Doñana, la mayor reserva ecológica de Europa, Patrimonio de la Humanidad desde 1994. Y la quincena más calurosa del año aún tiene que empezar.

El origen de los incendios varía de la negligencia a la tormenta seca pasando por la irresponsabilidad temeraria, pero la receta que los propicia y los propaga es siempre misma: altas temperaturas, baja humedad, vientos fuertes y cambiantes, monocultivo de especies pirófitas y una gran densidad de material inflamable, un síntoma del abandono rural.

El Gobierno español tiene los datos. Sin embargo, prefiere gastar decenas de millones de euros cada año en subvencionar a los afectados, incluyendo exenciones y moratorias en el pago de las tarifas de agua para los agricultores de las cuencas afectadas. También gasta millones en subvencionar las mismas industrias que aceleran el proceso, en lugar de actuar sobre sus causas o generar economías que ayuden a frenar el deterioro medioambiental que lo produce.

Como resultado, España fue el país de la Unión Europea donde más subieron las emisiones de gases de efecto invernadero en 2015 y una de las más amonestadas por el ejecutivo comunitario por su una mala gestión de recursos. Mientras tanto, las temperaturas suben y los incendios se multiplican. Son los síntomas y las consecuencias de su irresponsable contribución a la catástrofe inminente que espera a todo el planeta, pero que no todos los países están tratando de gestionar por igual. Hay varios escenarios y todos son apocalípticos.

Temperatura

El año pasado fue el más cálido jamás registrado. Según nuestros modelos, probablemente fuera el más cálido en los últimos 115.000 años. Fue el tercer año consecutivo que rompe ese récord. Según la UN World Meteorological Organisation, 14 de los 15 años más cálidos han sucedido después del 2000.

La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) anunció que este verano en España sería más caluroso de lo normal, especialmente centro y sur de la Península, con una media que estará entre medio grado y un grado por encima de lo habitual. De momento se confirman sus predicciones: el pasado 13 de julio el observatorio de Córdoba aeropuerto anunció la temperatura más alta jamás registrada en España: 46,9 grados.

Estaría tres décimas por encima del último récord absoluto, los 46,6 grados que vivieron Córdoba y Sevilla el 23 de julio de 1995. Pero la Agencia de Naciones Unidas para la Acción Climática dice que en Montoro, a 41 kilómetros subiendo por el Guadalquivir arriba, la temperatura fue de 47,3 grados. La temperatura más alta jamás registrada en todo el planeta es de 56.7°C. Sucedió en California el 10 de julio de 1913 en Greenland Ranch. Por algo lo llaman el Valle de la Muerte.

 

Cartas desde el bosque

Cada año, miles de hectáreas de bosques y montes son pasto de las llamas, acabando con el hogar de muchos animales y poniendo en riesgo vidas humanas. Desde WWF queremos darle voz a los bosques y sus habitantes: con tinta hecha con sus cenizas, el propio bosque pide ayuda para que actuemos contra los incendios que los arrasan año tras año. Suma tu voz en http://www.cartasdesdelbosque.es

Cambios en el paisaje 25 años después del incendio forestal de Terra Mítica

http://m.greenpeace.org/espana/es/high/Blog/incendio-terra-mitica/blog/60008/?utm_medium=social_network&utm_source=telegram&utm_campaign=Bosques&utm_content=Terra+Mitica&utm_term=Terra+Mitica

Entrada de blog por Miguel A. Soto – agosto 11, 2017

El Parque Temático Terra Mítica se construyó al pie de la Sierra Cortina de Benidorm, en un terreno que hasta agosto de 1992 era conocido como “la mayor pinada del Mediterráneo”. Sobre los planos, el terreno figuraba como “no urbanizable de especial protección forestal” y en su entorno se proyectaba la creación de un gran parque forestal.

El 11 de agosto de 1992, hace ahora 25 años, un incendio forestal arrasó la pinada. Eran años salvajes en el litoral español, el “ladrillo” campaba a sus anchas y los cambios en el uso del suelo forestal se gestionaban a golpe de cerillazo, influencias políticas y recalificación. La impunidad era casi absoluta: el origen de estos fuegos no se investigaba; o si se investigaban no se determinaban las causas o no aparecían los culpables.

Cuando ocurrió el incendio, hacía 9 meses que Eduardo Zaplana había llegado a la alcaldía de Benidorm. Hasta ese momento, e incluso tras el incendio, Zaplana y el resto de los alcaldes de la Marina Baixa se habían opuesto a urbanizar lo que hasta entonces era “el pulmón verde de Benidorm”. Además de defender el futuro forestal de la zona quemada, Zaplana culpó a la Consellería de Medio Ambiente de “descoordinación y lentitud en las tareas de extinción”.

Tres años más tarde, en 1995, recién elegido Zaplana presidente de la Comunidad Valenciana, el proyecto de Terra Mítica fue declarado de interés para la Comunidad Valenciana. En 1996 se creó la sociedad Parque Temático de Alicante S.A., que ese mismo año se beneficiaba de la expropiación de los terrenos arrasados en el incendio y daba luz verde para construir una enorme zona hotelera, dos campos de golf y un parque temático. El complejo fue inaugurado el 27 de julio del año 2000 ante más de 2.000 invitados, entre ellos el actual Rey Felipe VI.

El sueño duró cuatro años y en 2004 el parque entraba en suspensión de pagos. Una década más tarde la Generalitat Valenciana vendía su participación en Terra Mítica a la empresa Aqualandia por 65 millones de euros.

Además de quemarse la famosa pinada, la operación Terra Mítica evaporó cerca de 400 millones de euros de dinero público. Y los terrenos y la instalaciones acabaron finalmente en manos privadas. Aquello olía mal y entró en escena la fiscalía. Tras una larga instrucción judicial que duró 11 años, la Audiencia de Valencia condenó en abril de 2016 a dos exdirectivos (el excuñado de Zaplana, entre ellos) y a 20 empresarios por varios delitos contra la Hacienda Pública, estafa, y falsedad.

El mítico incendio forestal de Terra Mítica quedará en la memoria no sólo por cambiar el paisaje de la Marina Baixa alicantina, sino por dibujar una estampa fiel de la España de la corrupción urbanística. Una España donde los árboles molestan. Pero este y otros muchos incendios forestales en zonas costeras avivaron la conciencia social, los medios de comunicación y las fuerzas políticas. Y en este cambio algo tienen que ver las organizaciones ecologistas que en éste y otros muchos lugares han denunciado la profunda transformación de nuestro litoral. Y ahora que parece que volvemos al ladrillo, conviene tener en cuenta esta historia reciente para no repetir errores, como contábamos hace poco en nuestro informe Protección a toda Costa.

¿Qué ha cambiado desde aquel “mítico” año de 1992? Aunque ya era tarde para la pinada de Benidorm, en 1995 llegó la reforma del Código Penal con la inclusión de diversos tipos penales relativos al daño al medioambiente y la ordenación del territorio, el delito de provocar incendios forestales entre ellos. En 2003 la Ley de Montes del PSOE prohibió la recalificación de terrenos quemados en 30 años. En 2005 se crea la Fiscalía General de Medio Ambiente y dos años más tarde las secciones de Medio Ambiente en las Fiscalías Territoriales. A partir de 2008 las memorias anuales de la Fiscalía General del Estado incluyen la descripción del trabajo de estas secciones y datos sobre el número creciente de diligencias, procedimientos y sentencias condenatorias por delitos contra el medio ambiente, incluidos los incendios forestales. Así, y según un cálculo de la Fundación Civio, desde la creación de la Fiscalía de Medio Ambiente se han señalado 1.284 sentencias por delito de incendio forestal, de las cuales 983 (el 76,5%) fueron condenatorias.

Evolución de las sentencias por delito de incendio forestal en España. Fuente: Greenpeace España, 2017 a partir de las Memorias de la Fiscalía General del Estado.

Han pasado 25 años. El marco legal ha cambiado y el paisaje de la impunidad se va transformando poco a poco. No podemos descartar que pueda haber incendios forestales causados por cambios de uso del suelo. Según la Fundación Civio, sólo el 0,15% de los incendios ocurridos entre 2001 y 2013 se provocó para obtener una modificación en el uso del suelo. Y sobre el cambio de uso, además, convendría señalar la tendencia al cambio de uso forestal a agrícola, que es el cambio dominante en muchos paisajes donde el cultivo del viñedo, los cítricos o los cultivos de regadío son los motores de la transformación del paisaje rural.

El incendio forestal que permitió el pelotazo de Terra Mítica existió, fue real, es historia de España. Pero no podemos seguir hablando de la especulación urbanística como una de las principales causas de los incendios forestales en España. No se ajusta a la realidad. Ahora tenemos otro paisaje, en especial otro paisaje forestal que necesita de respuestas más incómodas y complejas propias de un siglo XXI marcado por el cambio climático.

 

‘Pastorear’ los incendios forestales

https://politica.elpais.com/politica/2017/08/12/actualidad/1502558489_951292.html

Cuanto más eficaces se hacen las autoridades españolas en extinguir pequeños fuegos, más contribuyen a la formación de otros incendios más grandes

Alejandro García Hernández

Un alcornoque que ha rebrotado tras el último incendio en Doñana.

España es el país con más medios aéreos de extinción por hectárea forestal del mundo. Cantidades ingentes de fondos públicos se destinan a mejorar y aumentarlos, mientras que los presupuestos destinados a la prevención se reducen cada año, ignorando que los grandes incendios forestales son la consecuencia de la acumulación de excedentes de vegetación, el denominado combustible forestal. Las políticas de lucha contra incendios seguidas hasta ahora son generalmente reactivas y cortoplacistas, y ofrecen respuestas de contención, pero no soluciones.

MÁS INFORMACIÓN

El ciudadano está convencido de que nos estamos quedando sin bosques, cuando la realidad es que España es el tercer país del mundo tras China y EE UU en el que más aumentó la superficie forestal durante la pasada década. Con un crecimiento anual de 118.500 hectáreas, según datos de la FAO, nuestros espacios forestales se han duplicado en los últimos 100 años. En España contamos con 27 millones de hectáreas de superficie forestal, el 55 % del territorio, aunque lo que ocurre no es que aumenten los robledales, los hayedos o los alcornocales, sino que nuestros campos y montes se están matorralizando.

El fuego es un proceso químico que requiere la simultaneidad espacial y temporal de tres componentes: combustible disponible, fuente de calor suficiente para iniciar la reacción y un agente oxidante o comburente que la mantenga. El denominado Triángulo del Fuego nos recuerda constantemente que solo podemos actuar frente al combustible (la vegetación forestal), puesto que el oxígeno del aire (comburente) está siempre presente, y las fuentes de ignición (calor) son demasiado fáciles y abundantes en nuestros días.

Pero el daño potencial de un incendio no se debe a su inicio sino a su crecimiento, y este depende de nuevo de tres variables: la orografía, puesto que el fuego se desplaza leyendo el paisaje; el combustible que lo alimenta y las condiciones meteorológicas que lo dinamizan, por lo que el Triángulo de la Propagación apunta de nuevo al combustible como nuestra única opción de manejo, pues no podemos modificar las condiciones orográficas ni meteorológicas de nuestros montes.

Los términos “resistencia” y “resiliencia”, muy utilizados en psicología, están íntimamente ligados, pero son conceptos distintos. Resistencia es la capacidad de soportar las adversidades, mientras que resiliencia es la de recuperarse de ellas.

La lucha contra las llamas necesita un cambio de modelo en la extinción

Conocemos como especies pirófitas a las que han desarrollado sistemas que les permiten cohabitar con los incendios. Podemos agruparlas en pasivas, que son las resistentes al fuego (cortezas gruesas o corchosas, troncos grandes o muy altos, u hojas gruesas y con gran capacidad de acumulación de agua…) y activas, que son las resilientes (diseminaciones explosivas tras los incendios, nuevos brotes a partir del tronco quemado o cortado, germinaciones masivas a partir de semillas latentes, refoliación…). La resiliencia implica, por tanto, una elevada capacidad de autosucesión.

Lo ideal es que nuestros montes permanezcan resistentes a los regímenes naturales de incendios, y muy resilientes para su rápida recuperación ante los incendios extraordinarios. Los paisajes mediterráneos son de los más resilientes del mundo, dado que la inmensa mayoría de sus especies han desarrollado mecanismos de regeneración tras los incendios de gran eficacia. Nuestras especies arbóreas son también bastante resistentes gracias a cortezas gruesas o corchosas, a portes robustos y grandes secciones que soportan el paso frecuente de fuegos de suelo rápidos.

Gestionar bien el fuego pequeño es ‘vacunar’ el monte contra el grande

El problema es que la acumulación de matorral y combustible fino en torno al arbolado, por abandono de usos y exceso de celo en la extinción de los incendios que deberían constituir su régimen natural, hace que el fuego se instale más tiempo junto al tronco y acabe por prenderlo arruinando así la resistencia inicial de las especies y comprometiendo la capacidad de autosucesión del sistema.

Política y socialmente suele relajarnos identificar la causa de cada incendio, pero esa es una reacción injustificada, puesto que las causas de la ignición son independientes de las de la propagación. Ni el rayo ni el mechero del terrorista ambiental suponen per se un gran incendio, son las condiciones del monte las que lo propician.

Cuanto más eficaces somos en la extinción de los pequeños incendios, más contribuimos a la formación de grandes incendios, puesto que estos se encontrarán con más superficie y carga forestal para su desarrollo. De ahí la necesidad urgente del cambio de paradigma en el tratamiento de los incendios forestales, sustituyendo el objetivo tradicional de acabar con cada conato en el menor tiempo posible y a cualquier coste por el más lógico, sostenible y sensato de ordenar lo inevitable, puesto que los incendios forestales en el ámbito mediterráneo son algo tan seguro como el agostamiento estival de pastizales.

Paradójicamente, el aumento y mejora de los medios de extinción nos hace más eficaces en ese cometido, pero mucho menos eficientes al aumentar el gasto. Ello, además, resta resistencia a nuestros montes al acumular más carga para el próximo incendio, propiciando ecosistemas más vulnerables (menos resilientes) al aumentar la severidad y el daño potencial de ese próximo e inevitable gran incendio que tarde o temprano llegará. Aprender a convivir con los pequeños incendios evitará los grandes, así de simple.

La protección de las personas y sus bienes ha de ser la prioridad absoluta en la actuación ante los incendios. Condiciona siempre su tratamiento, pero, una vez salvaguardada la población, cada incendio fortuito supone una oportunidad de gestión para la prevención de próximos eventos en peores circunstancias. Es decir, el fuego bien gestionado es una herramienta para la única solución a nuestro alcance, el manejo de la vegetación. Lo que propongo, sí, es pastorear los incendios como si de ganado se tratase para generar discontinuidades que, amén de propiciar el deseado paisaje en mosaico, vacune el monte contra el gran incendio fortuito.

El manejo de los combustibles forestales es la piedra angular también de la prevención inteligente, basada en el estudio y conocimiento del comportamiento del fuego, frente a la prevención clásica e intuitiva, basada en la creación de cortafuegos en función de delimitaciones administrativas, o de otros usos que tan reiteradamente se han demostrado inútiles. Las quemas prescritas y el pastoreo de los incendios son una herramienta sensata y eficiente para hacer ingeniería forestal cercana a los procesos naturales, propiciando un régimen de incendios compatible y sostenible en los montes, lo que a su vez favorece los hábitats de las especies autóctonas, las más resilientes.

La identificación de los lugares donde el fuego se multiplica para la determinación y tratamiento de los puntos estratégicos de gestión, nos permitirá propiciar el confinamiento de los incendios en la cuenca de propagación donde surjan, optimizando cada euro invertido en prevención.

La redacción de planes de extinción anticipada nos permitirá, además, ejecutar los trabajos de preextinción que hagan seguras y eficientes las operaciones de extinción futuras, como la caracterización y adaptación de puntos de agua, accesos, lugares de anclaje táctico, rutas de escape, zonas seguras o puntos de aterrizaje y recogida de personal.

Por todo ello creo que la necesaria actualización de principios en la lucha contra incendios pasa por el cambio de paradigma en la extinción y la ordenación preventiva, basada en el conocimiento científico sobre el comportamiento del fuego forestal. La experiencia nos ha demostrado que no es eficiente acometer la planificación preventiva de forma paralela a la ordenación productiva de los montes. Con demasiada frecuencia un gran incendio ha tirado por tierra los planes de ordenación de montes aprobados.

Es conveniente que en el marco de la economía verde circular se redacten y ejecuten cuanto antes planes de ordenación con el objetivo de prevenir los grandes incendios forestales mediante la puesta en valor de los recursos naturales y el aprovechamiento de los excedentes de biomasa. Y que sean la ciencia forestal y el conocimiento sobre el fuego la base de la prevención; planes en definitiva que generen montes y paisajes resistentes y resilientes.

La puesta en valor de nuestros recursos forestales permitirá la sostenibilidad económica de las labores preventivas necesarias para limitar el desarrollo de los incendios forestales mediante la segmentación del paisaje, sin depender de los siempre escasos presupuestos de las Administraciones públicas. Solo así conseguiremos reducir el riesgo de ruina técnica que para una comarca puede llegar a suponer un gran incendio y nuestro entorno forestal podrá ser, como antaño, una oportunidad real de generación de riqueza, creación de empleo y dignificación de la vida rural.

Alejandro García Hernández es máster en Ciencia y Gestión Integral de Incendios Forestales.